Resurrección
Resurrección —Me alegro mucho. ¿En qué puedo servirle?
—Si mi petición es inoportuna, le ruego que me perdone. Pero no tengo más remedio que exponérsela.
—¿De qué se trata?
—Tienen ustedes en la fortaleza a un tal Gurkiévich. Su madre pide que se le permita entrevistarse con él, o al menos, entregarle unos libros.
El general no expresó ninguna satisfacción ni descontento ante la petición de Nejliúdov. Inclinando la cabeza a un lado, frunció el ceño, como si meditara. Realmente no meditaba nada ni se interesaba por la petición de Nejliúdov, sabiendo muy bien que le contestarÃa con arreglo al reglamento. Sencillamente, descansaba la mente, sin pensar en nada.
—Eso, sabe usted, no depende de mà —dijo, después de descansar un poco—. Referente a las entrevistas, hay una ley establecida, y lo que allà está autorizado, se autoriza. En lo que se refiere a los libros, tenemos una biblioteca y se les dan algunos que están autorizados.
—SÃ, pero le hacen falta libros cientÃficos, quiere estudiar.
—No se lo crea —el general guardó silencio—. No es para estudiar. Es para dar preocupaciones.
—Sea como sea, es preciso que ocupen su tiempo en algo en esa penosa situación —dijo Nejliúdov.