Resurrección
Resurrección Tan pronto como los magistrados se sentaron ante la mesa de deliberaciones, Wolf se puso a exponer con mucho interés los motivos por los que aquella causa debía ser casada.
El presidente, un hombre malévolo por lo general, estaba aquel día particularmente malhumorado. Al escuchar el informe de la causa se había formado su juicio, y ahora permanecía sentado sin escuchar a Wolf, y sumido en reflexiones. Estaba recordando lo que había escrito el día antes en sus memorias acerca del cargo importante que le habían dado a Viliánov y no a él, que lo deseaba desde hacía mucho tiempo. El presidente Nikitin estaba firmemente convencido de que sus juicios acerca de distintos funcionarios de las dos primeras categorías, con quienes tenía relaciones durante su trabajo, constituían un material histórico muy importante. La víspera había escrito un capítulo en el que censuraba con dureza a algunos de los funcionarios de las dos primeras clases porque habían impedido, según decía, salvar a Rusia de la perdición a la que era arrastrada ahora por sus gobernantes —en realidad, fue porque le habían impedido cobrar un sueldo mayor del que tenía—, y en aquel momento pensaba que aquella circunstancia adquiría un sentido nuevo para las futuras generaciones.
—Sí, por supuesto —respondió a las palabras de Wolf, sin escucharlas, cuando éste se dirigió a él.