Resurrección
Resurrección Fanarin se puso en pie y, sacando hacia fuera su pecho bajo la planchada camisa, demostró con persuasión extraordinaria y gran propiedad en el lenguaje que el Tribunal se había apartado seis puntos del verdadero sentido de la ley y además se permitió hacer un resumen del caso y poner en evidencia la terrible injusticia del fallo. El tono del discurso de Fanarin, aunque breve, daba a entender que se disculpaba por insistir en un asunto que los señores magistrados, con su penetración y sabiduría jurídica, comprendían mejor que él. Después del discurso de Fanarin no podía dudarse de que el Tribunal Supremo anularía la sentencia del anterior Tribunal. Al finalizar su disertación, Fanarin sonrió triunfante. Mirando a su abogado y viendo esa sonrisa, Nejliúdov estaba seguro de que el asunto estaba ganado. Pero al mirar a los magistrados vio que el único que sonreía triunfante era Fanarin. Los magistrados y el fiscal no sonreían, sino que tenían un aspecto aburrido y parecían decir: «Estamos cansados de oír discursos que no sirven para nada». Por lo visto todos se sintieron contentos sólo cuando el abogado terminó de hablar y de entretenerlos inútilmente. En el momento en que concluyó el abogado, el presidente se dirigió al fiscal. Selenin expresó lacónicamente, aunque de modo claro y preciso, que no debía modificarse el fallo, porque los motivos de casación no tenían fundamento. A continuación, los magistrados se levantaron y fueron a deliberar. En la sala de deliberaciones hubo divergencia de criterios. Wolf estaba por la casación; Be, comprendiendo el asunto, abogaba acaloradamente por la casación; describió con claridad a los compañeros la escena del juicio y el error del jurado; Nikitin, partidario, como siempre, de la severidad y de la estricta legalidad, estaba en contra. Todo dependía del voto de Skovoródnikov. Y se puso en contra de la casación, porque el deseo de Nejliúdov de casarse con esa muchacha en nombre de unas exigencias morales le resultaba tremendamente repulsivo.