Resurrección
Resurrección Se daba cuenta de que aquello no era lo que había esperado ni lo que debía ser. Mientras estaba en el Tribunal Supremo, sus familiares le consiguieron el nombramiento de ayudante de cámara. Entonces se vio obligado a ir en coche, vestido de uniforme bordado, a dar las gracias a una serie de personajes que le habían hecho lacayo. Por más que se esforzaba, era incapaz de encontrar una explicación sensata a ese cargo. Y todavía más en su empleo sentía que «no era eso». Sin embargo, por un lado, no podía renunciar por no disgustar a los que creían haberle dado una gran satisfacción al proporcionárselo, y por otro, este nombramiento adulaba los sentimientos menos elevados de su naturaleza y le proporcionaba satisfacción verse en el espejo con el uniforme bordado de oro y gozar del respeto con que le distinguían algunas personas.