Resurrección
Resurrección La primera sensación que tuvo Nejliúdov al despertarse al día siguiente era que había cometido una vileza.
Se puso a pensar: no había cometido ninguna vileza, no había realizado ningún acto reprensible, pero tuvo malos pensamientos acerca de todas sus intenciones actuales —el casamiento con Katiusha y la entrega de las tierras a los campesinos—, como ideas irrealizables, que no podía soportar, porque era artificioso, antinatural, y que consideraba preciso vivir como había vivido.
No había cometido ningún acto reprensible, pero había tenido algo peor: malos pensamientos, de los cuales proceden aquéllos. Un acto punible puede no repetirse y cabe arrepentirse de él, pero los malos pensamientos engendran todos los actos reprensibles.
Un acto reprensible sólo allana el camino para otros actos semejantes; los malos pensamientos conducen irremisiblemente a ese camino.