Resurrección
Resurrección Lo mismo que se dice en un libro de cocina que a los cangrejos se les cueza vivos, estaba plenamente convencido —y no en sentido figurado, como se interpreta esta expresión en dicho libro, sino en el verdadero—, lo pensaba y lo decÃa, que al pueblo le gusta ser supersticioso.
Trataba el mantenimiento de la religión lo mismo que trata un agricultor la carroña con que alimenta a sus gallinas: ésta es muy desagradable, pero a las gallinas les gusta y la comen, y por eso hay que alimentarlas con carroña.
Como es lógico, todos esos iconos de la Virgen de Iversk, de Kazán, y de Smolensk son unas groseras manifestaciones de idolatrÃa, pero al pueblo le gusta y cree en eso y, por tanto, era necesario mantener esa superstición. Asà pensaba Tóporov, sin darse cuenta de que lo que le parecÃa, que al pueblo le gustaba la superstición, era sólo porque siempre se encontraban personas tan crueles como él, que no empleaban su ilustración en lo que debÃan: en ayudar a los ignorantes a salir de las tinieblas, sino que, por el contrario, les afianzaban más en ellas.
Cuando Nejliúdov entró en la sala de espera, Tóporov estaba en el despacho charlando con una madre superiora, mujer enérgica, perteneciente a la aristocracia, que propagaba en la región del Oeste la religión ortodoxa entre los uniatos.