Resurrección
Resurrección —Conozco el caso. En cuanto he visto los nombres, he recordado esta desgraciada historia —dijo cogiendo la instancia y mostrándosela a Nejliúdov—. Y le estoy muy agradecido por habérmelo recordado. Las autoridades provinciales se han pasado de la raya… —Nejliúdov callaba y miraba con un sentimiento desagradable la inmóvil máscara de su rostro pálido—. Daré una orden para que se indulte a estas gentes, y para que vuelvan a sus lugares de residencia.
—Entonces, ¿puedo no cursar esta instancia? —preguntó Nejliúdov.
—Decididamente. Yo se lo prometo —dijo con especial entonación la palabra «yo», sin duda completamente seguro de que su honradez y su palabra eran la mayor garantÃa—. Lo mejor será que escriba ahora mismo. Tenga la bondad de sentarse.
Se acercó a la mesa y se puso a escribir. Nejliúdov, sin sentarse, miraba desde arriba aquel cráneo estrecho y calvo y aquella mano con gruesas venas azules que llevaba rápidamente la pluma y se extrañaba de porqué hacÃa aquello con tanto interés, un hombre que sin duda parecÃa indiferente. ¿Por qué?
—Aquà tiene, señor —dijo Tóporov, pegando el sobre—, comunÃquelo a sus clientes —añadió plegando los labios en forma de sonrisa.
—¿Por qué han estado sufriendo estos hombres? —preguntó Nejliúdov, cogiendo el sobre.