Resurrección
Resurrección Cuando regresaba a su casa por la avenida Nevski, reparó involuntariamente en una mujer alta que iba delante de él, muy bien proporcionada y vestida con provocativa elegancia. Marchaba tranquila por la acera asfaltada, y en su rostro y figura se notaba que tenía conciencia de su maléfico poder. Todos los que se cruzaban con ella se volvían para mirarla. Nejliúdov caminaba más deprisa que ella y también, sin querer, se volvió para verle la cara. El rostro, probablemente pintado, era bonito, y la mujer sonrió a Nejliúdov con un resplandor en los ojos. Y, cosa rara, Nejliúdov recordó inmediatamente a Mariette, porque experimentó la misma sensación de atracción y repugnancia que había sentido en el teatro. Adelantándola con rapidez, Nejliúdov se encolerizó consigo mismo, giró hacia la calle Morskaya y, saliendo a la orilla del Neva, se puso a pasear de arriba abajo, llamando la atención del guardia.