Resurrección
Resurrección Se lo dijo y le indicó el sitio de la firma. Sentada junto a la mesa, se arreglaba con la mano izquierda la manga derecha mientras él permanecía en pie y miraba su espalda inclinada, de cuando en cuando estremecida por los sollozos contenidos, y en su alma se debatían dos sentimientos, la maldad y la bondad: el orgullo ofendido y la compasión que sentía hacia ella. Y venció el último sentimiento.
No recordó lo que experimentó primero: si había sentido piedad por ella en su corazón o recordado sus propios pecados y su vileza, precisamente los que le reprochaba a ella. Pero de pronto se sintió culpable y la compadeció al mismo tiempo.
Después de firmar la instancia y de limpiarse el dedo manchado de tinta en la falda, se puso en pie y le miró.
—Suceda lo que suceda y pase lo que pase, nada cambiará mi decisión —dijo Nejliúdov.
La idea de que la perdonaba reforzó su sentimiento de piedad y ternura hacia ella, y tuvo ganas de consolarla.
—Haré lo que le dije. A cualquier sitio que la manden, estaré con usted.
—Es inútil —se apresuró a interrumpirle, y resplandeció de alegría.
—Piense lo que necesita para el camino.
—Me parece que nada de particular. Muchas gracias.