Resurrección
Resurrección A pesar de toda la repugnancia que sentÃa ahora Nejliúdov por Máslova, asà y todo consideró necesario expresarle su sentimiento por la negación del Tribunal Supremo.
—No se desespere —dijo—. La petición de gracia al emperador puede dar resultado, y yo confÃo que…
—No estoy asà por eso… —dijo lastimosamente con los ojos bajos, llenos de lágrimas.
—Entonces, ¿por qué?
—Habrá usted estado en la enfermerÃa y le habrán dicho de mÃ…
—Y qué, eso es asunto suyo —dijo frÃamente Nejliúdov, frunciendo el ceño.
Apaciguado el duro sentimiento de ofensa del orgullo personal, se alzó en él con nueva fuerza en cuanto ella mencionó lo de la enfermerÃa. «Yo, que soy un hombre de sociedad, con el que cualquier muchacha de la sociedad considerarÃa una dicha casarse, me he ofrecido como marido a esa mujer, y no ha podido esperar y se ha liado con el practicante», pensaba, mirándola con odio.
—FÃrmeme esta solicitud —dijo, y sacando del bolsillo un gran sobre lo colocó en la mesa. Se enjugó las lágrimas con la punta del pañuelo, se sentó junto a la mesa, preguntando dónde y qué tenÃa que escribir.