Resurrección
Resurrección Estos razonamientos le recordaron a Nejliúdov la respuesta que recibió de un niño que venía del colegio. Nejliúdov había preguntado al niño si había aprendido a juntar las sílabas. «He aprendido», respondió el pequeño. «Bueno, junta las sílabas de la palabra pata.» «¿Qué pata, de perro?», respondió el niño, con cara de astucia. Respuestas iguales, en forma de pregunta, encontró Nejliúdov en los libros científicos a su único problema fundamental.
Había allí muchos razonamientos inteligentes, científicos, interesantes, pero no existía respuesta para la pregunta básica, ¿con qué derecho unos castigan a otros? No sólo no había respuesta, sino que todos los argumentos conducían a explicar y justificar el castigo, cuya necesidad se reconocía como axioma. Nejliúdov leía mucho, pero sin ilación, y atribuía a esa lectura superficial el hecho de no haber encontrado la respuesta, esperando hallarla más adelante, y por eso no se permitía creer todavía en la justicia de aquella respuesta que se le presentaba en los últimos tiempos cada vez más a menudo.