Resurrección
Resurrección —¿Qué jaleo es éste? —se oyó de pronto una voz decidida y autoritaria, y al grupo que estaba en torno al preso, con pasos rápidos, se acercó un sargento, con un casco blanco increÃblemente limpio y brillante y unas botas más brillantes aún—. ¡Despejen! ¡No tienen nada que hacer aquÃ! —gritó al grupo, sin saber todavÃa por qué se habÃa reunido.
Al acercarse más y ver al preso moribundo hizo un gesto aprobatorio con la cabeza, como si esperara eso, y se dirigió al guardia.
—¿Cómo ha sucedido?
El guardia explicó que pasaba la columna, que el preso se habÃa caÃdo y el de la escolta habÃa ordenado que lo abandonasen.
—Entonces ¿qué? Hay que llevarlo a la ComisarÃa. Busquen un coche.
—Ha ido el portero —dijo el guardia, llevándose la mano a la visera.
El dependiente empezó a decir algo sobre el calor.
—¿Qué te importa esto? ¿Eh? Sigue tu camino —exclamó el sargento y le miró con tanta severidad que el dependiente guardó silencio.
—Hay que darle de beber —indicó Nejliúdov.