Resurrección
Resurrección —Ya hace mucho que estás aquà —explicó—. Me acompaña Agrafena Petrovna —señaló a Agrafena, que llevaba sombrero y abrigo impermeable, y desde lejos, no deseando molestarle, saludó a Nejliúdov con expresión digna y afectuosa—. Te hemos buscado por todas partes.
—Me quedé dormido aquÃ. Cuánto me alegra que hayas venido —repitió Nejliúdov—. Te empecé a escribir una carta.
—¿Es posible? —preguntó asustada—. ¿Sobre qué?
Missy, con sus caballeros, al darse cuenta de que entre los hermanos se iniciaba una conversación Ãntima, se retiró a un lado. Nejliúdov y su hermana tomaron asiento en un diván de terciopelo junto a una ventana en la que alguien habÃa dejado unas mantas de viaje y unas sombrereras.
—Ayer, cuando me marché de vuestra casa, quise volver para disculparme, pero no sabÃa cómo iba a tomarlo él —empezó Nejliúdov—. No estuvo bien la forma en que hablé con tu marido, y eso me torturaba…
—Ya lo sabÃa, estaba segura —comentó la hermana— de que no habÃas querido hacerlo. Pero tú sabes…