Resurrección
Resurrección Se acordó de la indiferencia de Máslennikov cuando le hablaba de lo que sucedía en la prisión, la severidad del director, la crueldad del oficial de la escolta que no había permitido a los presos que subieran a los carros, ni había hecho caso de la mujer que sufría dando a luz en el vagón. «Toda esta gente, por lo visto, era invulnerable e impermeable al sentimiento más elemental de compasión, sólo por el cargo que desempeñaban. Como gente que ejercía esos trabajos eran impenetrables para el sentimiento humano lo mismo que esta tierra pavimentada por la lluvia —pensaba Nejliúdov mirando la pendiente cubierta de guijarros de distintos colores por los cuales el agua de la lluvia se filtraba en la tierra y corría en arroyuelos—. Quizá sea necesario cubrir de guijarros las pendientes, pero es triste ver privada de vegetación una tierra que hubiera podido dar trigo, hierba, arbustos, árboles, como los que se ven en lo alto de la pendiente. Lo mismo ocurre con los hombres —continuó pensando Nejliúdov—: tal vez hacen falta esos gobernadores, pero es horroroso ver a personas privadas de la más importante propiedad humana: el amor y la piedad hacia sus semejantes.»