Resurrección
Resurrección El marido, acercándose a los labios una botella de vodka, echó hacia atrás la cabeza y bebió. La mujer sostenía en las manos una bolsa de la que había sacado la botella y le miraba fijamente.
—No, el mío no bebe ni fuma —continuó la mujer, interlocutor del viejo, aprovechando la ocasión de alabar una vez más a su marido—. Hombres así, abuelo, nacen pocos en la tierra. Él es así —concluyó mirando también a Nejliúdov.
—Tanto mejor —repitió el viejo, mirando al obrero que bebía.
El hombre, después de beber de la botella, se la entregó a su mujer. Ésta cogió la botella y, riéndose y moviendo la cabeza, se la llevó a la boca. Al ver que le miraban Nejliúdov y el viejo, el obrero se volvió a ellos:
—¿Qué, señor? ¿Le extraña que bebamos? Nadie ve cómo trabajamos, pero cuando bebemos, lo ven todos. Lo gano, y bebo, y le ofrezco a mi mujer. Y a nadie más.
—Sí, sí —accedió Nejliúdov, sin saber qué contestar.
—¿Verdad, señor? Mi esposa es una mujer firme. Estoy contento de mi mujer, por eso ella me trata bien. ¿Es verdad lo que digo, Mavra?