Resurrección
Resurrección Al acercarse al lugar de donde provenía el ruido, María Pávlovna y Katiusha vieron lo siguiente: el oficial, un hombre gordo de grandes bigotes rubios, ceñudo, se frotaba con la mano izquierda la palma de la derecha. Se había lastimado al golpear la cara de un preso, y decía sin cesar palabras soeces y groserías. Delante de él, limpiándose la cara ensangrentada con una mano y sosteniendo con el otro brazo una niña envuelta en un mantón, que lloraba amargamente, permanecía un preso delgado y alto. Vestía un guardapolvo corto, un pantalón más corto todavía, y tenía afeitada media cabeza.
—Te voy a… —una grosería— para que aprendas a razonar —otra vez una grosería—. Entrégasela a las mujeres —gritaba el oficial— y ponte las esposas.
El oficial exigía que le pusieran las esposas al preso, que iba deportado, y que durante todo el camino había llevado en brazos a la niña, que le había confiado su mujer, al morir de tifus en Tomsk. Las protestas del preso de que no podía llevar a la niña con las esposas puestas exasperaron al oficial que estaba de mal humor y golpeó al preso que no se sometió enseguida.[105]