Resurrección
Resurrección Nejliúdov tomó especial cariño a un joven tuberculoso que iba en el mismo grupo de Máslova, Kryltsov, condenado a trabajos forzados. Le conoció en Ekaterimburgo, y luego durante las marchas tuvo ocasión de charlar varias veces con él. Cierta vez, en verano, en una etapa durante una jornada de descanso, Nejliúdov pasó con él casi un día entero. Kryltsov le contó cómo se hizo revolucionario. Su historia hasta el momento de entrar en la cárcel era muy corta. Su padre, rico hacendado de una provincia del sur, murió siendo Kryltsov un niño. Era hijo único y fue educado por su madre. Estudió con mucha facilidad en el colegio y la Universidad, y terminó con el número uno en la Facultad de Matemáticas. Le ofrecieron quedarse en la Universidad y ampliar estudios en el extranjero. Pero vacilaba. Estaba enamorado de una muchacha y después de casarse pensaba retirarse a sus propiedades para ocuparse de ellas. Quería ambas cosas, y no se decidía por ninguna. Por aquel entonces los compañeros de la Universidad le pidieron dinero para la «obra común». Sabía que esta «obra común» era revolucionaria, que en aquella época no le interesaba en absoluto. Pero por un sentimiento de camaradería y de amor propio, para que no pensaran que tenía miedo, entregó el dinero. La policía se incautó del dinero, se encontró un papel por el que supo que lo había entregado Kryltsov y le detuvieron. Primero le tuvieron en una comisaría y luego le trasladaron a la cárcel.