Resurrección
Resurrección —En la cárcel a la que me llevaron —contaba Kryltsov a Nejliúdov— no habÃa demasiada severidad.
PermanecÃa sentado en un alto catre, con el pecho hundido, y los codos apoyados en la rodilla. Sólo de cuando en cuando miraba a Nejliúdov con ojos brillantes, febriles, inteligentes y buenos.