Resurrección

Resurrección

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En la segunda habitación, iluminada por una lámpara de techo, delante de una mesa con restos de comida y dos botellas, permanecía un oficial de rostro muy encarnado y grandes bigotes rubios. Llevaba una guerrera austríaca que modelaba sus hombros y amplio pecho. En la habitación caldeada, además de oler a tabaco, había un fuerte olor a perfume barato. Al ver a Nejliúdov, el oficial se incorporó un poco y le miró con cierta burla y desprecio.

—¿Qué desea? —preguntó, y sin esperar la respuesta gritó hacia la puerta—. ¡Bernov! ¿Cuándo estará ese samovar?

—Enseguida.

—¡Te voy a dar yo a ti enseguida! Ya te enseñaré —gritó el oficial, con los ojos echando chispas.

—¡Ya lo llevo! —replicó el soldado, y entró con el samovar.

Nejliúdov esperó a que el soldado colocara el samovar. El oficial miraba al muchacho de arriba abajo con sus ojos maliciosos, como si buscara un sitio donde darle un golpe. Una vez colocado el samovar, el oficial hizo el té. Luego sacó de la cantina una garrafita cuadrada de coñac y galletas Albert. Una vez que colocó todo sobre el mantel, se volvió de nuevo a Nejliúdov.

—Entonces, ¿en qué puedo servirle?

—Desearía entrevistarme con una presa —dijo Nejliúdov, sin sentarse.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker