Resurrección
Resurrección Cuando estaba en libertad, trabajaba para la finalidad que se había impuesto, precisamente en pro de la instrucción y la unión de los obreros, sobre todo de los campesinos. Cuando estaba detenido actuaba con la misma energía y el mismo buen sentido para relacionarse con el mundo exterior y para mejorar no solamente sus circunstancias, sino también las de su círculo. Ante todo, era un hombre muy sociable. Para sí mismo le parecía que no necesitaba nada, y podía conformarse con poco, pero para los compañeros exigía mucho. Podía realizar cualquier trabajo tanto físico como intelectual sin cansarse, dormir ni comer. Como campesino era trabajador, hábil, moderado, cortés, atento a las ideas y sufrimientos de los demás. Su madre, una vieja campesina analfabeta, muy supersticiosa, vivía aún, y Nabátov le ayudaba y cuando estaba en libertad le hacía visitas. En las temporadas que pasaba en su casa, entraba en todos los pormenores de su vida y le ayudaba en el trabajo. No perdía tampoco el contacto con sus antiguos compañeros, con los muchachos campesinos. Fumaba cigarrillos y bromeaba con ellos, y charlaba explicándoles que estaban todos engañados y cómo debían salir del engaño en que estaban metidos. Cuando pensaba y hablaba de lo que daría la revolución al pueblo, se imaginaba siempre al pueblo, del que procedía, casi en las mismas condiciones, pero con tierras y sin señores ni funcionarios. La revolución, a su juicio, no debía modificar las costumbres básicas del pueblo —en esto no estaba de acuerdo con Novodvorov ni con su seguidor Markel Kondrátiev—, la revolución, según él, no debía destruir todo el viejo edificio magnífico, sólido, grande, que él quería entrañablemente, y sólo debía distribuir de otra forma sus locales interiores.