Resurrección

Resurrección

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El otro preso político de este grupo, salido del pueblo, era Markel Kondrátiev, un hombre de otro tipo. Desde los quince años había empezado a trabajar, fumar y beber para ahogar la turbia conciencia de la humillación que experimentaba. La primera vez que sintió esta humillación fue cuando los llevaron, siendo niños, a una fiesta con árbol de Navidad, organizada por la mujer de un fabricante. A él y a sus compañeros les regalaron un silbato que costaba un cópec, una manzana, una nuez pintada de purpurina y un higo, y a los niños del fabricante unos juguetes que le parecieron un regalo de hadas y que, según supo luego, habían costado más de cincuenta rublos. Tenía veinte años cuando llegó a la fábrica a trabajar como obrera una célebre revolucionaria. Al darse cuenta de las grandes capacidades de Kondrátiev, empezó a dejarle libros y folletos y a hablar con él, explicándole su situación, los motivos de la misma y la forma de mejorarla. Cuando vio clara la posibilidad de liberarse y de liberar a los demás de la situación humillante en que vivían, la injusticia de esa situación le pareció todavía más cruel y horrible que antes. Tuvo apasionados deseos no sólo de liberación sino de castigar a los que habían organizado y sostenían aquella cruel injusticia. Esta posibilidad, según le habían explicado, le daba el saber, y Kondrátiev se entregó con toda su alma al estudio. No veía muy claro qué relación tenía el saber con el ideal socialista, pero creía que lo mismo que éste le había descubierto la injusticia de la situación en que se encontraba, de la misma forma acabaría por enmendarla. Además, a su juicio, la instrucción le elevaría por encima de otros hombres. Y por eso dejó de beber y fumar y dedicó todo su tiempo libre —del que disponía más desde que le hicieran encargado de almacén— al estudio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker