Resurrección
Resurrección La separación del marido y del niño, del que se había hecho cargo su madre, le resultó muy dolorosa. Pero soportó esta separación de un modo estoico y tranquilo, sabiendo que lo hacía por él y por la causa, que indudablemente era verdadera puesto que él la servía. Siempre pensaba en su marido, y lo mismo que antes no había querido a nadie, tampoco ahora podía hacerlo, como no fuese a su esposo. Pero el amor puro y abnegado de Nabátov la conmovía. Era un hombre moral y de carácter firme, amigo de su marido, procuraba tratarla como a una hermana, pero en sus relaciones con ella se traslucía algo más y ese algo les asustaba a ambos, y, sin embargo, embellecía su penosa existencia.
De manera que, en el grupo, tan sólo María Pávlovna y Kondrátiev se encontraban totalmente libres de enamoramiento.