Resurrección
Resurrección Máslova permanecía a veces inmóvil, escuchando y mirando al secretario; otras veces se estremecía, como si quisiera replicar, enrojecía y luego suspiraba profundamente. Cambiaba la postura de las manos, volvía la cabeza y de nuevo se fijaba en el secretario.
Nejliúdov, sentado en el segundo sillón de alto respaldo, de la primera fila, miraba a Máslova, mientras en su alma se ponía en marcha una tarea complicada y atormentadora.