Resurrección
Resurrección Sus compañeros le respetaban por su valentÃa y decisión, pero no le querÃan. Él tampoco querÃa a nadie, y trataba como rivales a los que se destacaban en algo. De buena gana hubiera procedido con ellos como lo hacen los viejos monos machos con los jóvenes, si hubiera podido. Les arrancarÃa a todos la inteligencia y sus capacidades para que no le impidiesen manifestar las suyas. Trataba bien sólo a la gente que se inclinaba ante él. Asà trataba ahora, durante la marcha, al obrero Kondrátiev —a quien habÃa inculcado su propaganda—, a Vera Efrémova y a la bonita Grabets, ambas enamoradas de él.
Aunque en principio era partidario de la emancipación de la mujer, en el fondo de su alma consideraba a todas las mujeres tontas e insignificantes, a excepción de aquellas de quienes, con frecuencia, se enamoraba sentimentalmente, como ahora estaba enamorado de Grabets. Entonces las consideraba unas mujeres extraordinarias, cuyas cualidades sólo él sabÃa descubrir.
El problema referente al sexo le parecÃa claro y sencillo, como todos los problemas, y totalmente solucionado admitiendo el amor libre.
TenÃa una esposa ficticia y otra auténtica, de la que se habÃa separado, convencido de que entre ellos no existÃa el verdadero amor. Ahora se disponÃa a unirse libremente con Grabets.