Resurrección
Resurrección —Le he mentido. No era eso lo que querÃa decirle. Creo que se da cuenta del absurdo amor exaltado, aunque él no le ha dicho nada, y se siente adulada y al mismo tiempo temerosa. Ya sabe que yo no soy competente en esas cosas, pero me parece que, por parte de él, se trata de un amor de los más corrientes, aunque enmascarado. Dice que ese amor estimula su energÃa y que es un amor platónico. Pero me consta que si es un amor exclusivo se basa indudablemente en la renuncia… Como el de Novodvórov con Liúbocka.
MarÃa Pávlovna se apartó del asunto, apasionándose con su tema favorito.
—Pero ¿qué debo hacer? —preguntó Nejliúdov.
—Creo que debe decÃrselo a ella. Siempre es mejor que todo quede claro. Hable con ella, la voy a llamar, ¿quiere? —preguntó MarÃa Pávlovna.
—SÃ, por favor —contestó Nejliúdov, y MarÃa Pávlovna salió.
Una sensación extraña invadió a Nejliúdov al quedarse solo en la pequeña sala, escuchando la respiración regular de Vera Efrémova, interrumpida a veces por los gemidos y el rumor de los presos comunes que no cesaban de oÃrse tras las dos puertas.