Resurrección
Resurrección Lo que le dijo Simonson le liberaba de la obligación impuesta que se presentaba como una carga penosa y extraña en los momentos de debilidad y, sin embargo, no sólo tenÃa una sensación de disgusto, sino dolorosa. En este sentimiento estaba el hecho de que la proposición de Simonson destruÃa el carácter excepcional de su proceder, disminuÃa ante los ojos de propios y extraños el valor del sacrificio que aportaba. Si un hombre tan bueno, que no estaba ligado por nada a ella, querÃa unir su destino al suyo, entonces su sacrificio ya no era tan importante.
HabÃa quizá también un simple sentimiento de celos: estaba tan acostumbrado a que sólo le quisiera a él, que no podÃa permitir que pudiera llegar a querer a otro. También esto derrumbaba su plan preconcebido: vivir con ella mientras estuviese expiando su condena. Si se casaba con Simonson, su presencia resultaba innecesaria, y tenÃa que trazar un nuevo plan de vida. No le habÃa dado tiempo de analizar sus sentimientos, cuando se abrió la puerta y en la sala entró Máslova, y al mismo tiempo el reforzado rumor de las voces de los presos comunes a quienes ese dÃa les debÃa ocurrir algo extraordinario.
Se le acercó con pasos rápidos.
—MarÃa Pávlovna me ha mandado venir —dijo, parándose cerca de él.