Resurrección
Resurrección Cuando Nejliúdov se despertó hacía mucho que los cocheros se había marchado; la posadera, que acababa de tomar el té y se enjugaba con el pañuelo el grueso cuello, vino a decirle que un soldado de la escolta había traído una nota. Era de María Pávlovna. Decía que el ataque de Kryltsov era más serio de lo que pensaron: «Queríamos dejarle aquí unos cuantos días y quedarnos alguno con él, pero no está permitido. Nos lo llevaremos, pero tenemos miedo de que ocurra algo. Procure conseguir en la ciudad que lo dejan aquí con alguno de nosotros. Si para ello es preciso que me case con él, naturalmente, estoy dispuesta».