Resurrección
Resurrección —Bueno, entonces… —empezó el general.
—Me han prometido en San Petersburgo que las noticias sobre el destino de esta mujer me las enviarán lo más tarde este mes y precisamente aquÃ.
Sin quitar los ojos de Nejliúdov, el general alargó la mano de dedos cortos hacia la mesa y tocó el timbre. Continuaba escuchando, mientras echaba humo y tosÃa con fuerza.
—Entonces, querÃa pedir a vuestra excelencia, si puede ser, que retuvieran a esta mujer hasta que llegara la respuesta a su recurso.
Entró un asistente uniformado, que hacÃa las veces de lacayo.
—Pregunta si se ha levantado Ana VasÃlievna —dijo el general al asistente—. Y sÃrveme más té. ¿Hay algo más? —preguntó volviéndose a Nejliúdov.
—Mi otra petición —prosiguió Nejliúdov— trata de un preso polÃtico que va en esa misma columna.
—¡Vaya! —exclamó el general, moviendo significativamente la cabeza.
—Está muy enfermo, moribundo. Seguramente le dejarán aquà en el hospital. Entonces una de las presas polÃticas desearÃa quedarse junto a él.
—¿No es familia suya?
—No, pero está dispuesta a casarse con él si esto le ofreciera la posibilidad de quedarse a su lado.