Resurrección
Resurrección En la tercera sala se oían gritos y jaleo. El director dio unos golpes en la puerta, y gritó: «¡Firmes!». Cuando se abrió la puerta todos permanecían firmes junto a los catres, salvo algunos enfermos y dos que se habían peleado. Con las caras desfiguradas por la ira, se agarraban por el pelo y la barba. Sólo se soltaron cuando el carcelero se les acercó corriendo. Uno tenía la nariz partida y ensangrentada y se secaba la sangre y la saliva con la manga del caftán; el otro se quitaba los pelos arrancados de la barba.
—¡El responsable! —gritó con severidad el director.
Se destacó un hombre bien plantado y fuerte.
—No se les puede contener, excelencia —dijo el responsable sonriendo alegremente con los ojos.
—¡Verás como yo podré! —exclamó, frunciendo el ceño, el director.
—What did they fight for?[113] —preguntó el inglés.
Nejliúdov preguntó al starosta por qué se había originado la pelea.
—Se han liado por un peal —contestó el que mandaba, y continuó sonriendo—. Éste le dio un empujón, el otro le golpeó por detrás.
—Desearía decirles unas palabras —dijo el inglés, volviéndose al director.