Resurrección
Resurrección —DÃganles que Cristo los ha compadecido y los ha amado —dijo— y murió por ellos. Si creen en esto, se salvarán —mientras hablaba, todos los presos permanecÃan en silencio junto a los catres, en actitud de firmes—. En este libro se explica todo, dÃgaselo —concluyó—. ¿Hay alguien que sepa leer?
Resultó que habÃa más de veinte personas que sabÃan leer. El inglés sacó de la cartera de mano unos cuantos ejemplares encuadernados del Nuevo Testamento. Varias manos musculosas de fuertes uñas negras se tendieron hacia él, precipitadamente empujándose unas a otras. Dejó en esta sala dos ejemplares de los Evangelios, y se marchó a la siguiente.
En la sala siguiente sucedÃa igual: la misma atmósfera irrespirable, el olor hediondo, también habÃa un icono colgado entre las ventanas y a la izquierda de la puerta estaba el cubo maloliente utilizado por los presos. De la misma forma apretada estaban acostados unos junto a otros, e igualmente se levantaron de un salto y se pusieron firmes. Tres hombres quedaron sin levantarse. Dos se incorporaron y quedaron sentados y el otro continuaba acostado y ni siquiera miraba a los que habÃan entrado: eran los enfermos. El inglés pronunció las mismas palabras y también les entregó dos Evangelios.