Resurrección
Resurrección —Así acabarían con uno a fuerza de golpes.
—Vamos a probar —comentó alguien de los que se encontraban detrás y se echó a reír alegremente. Una incontenible risa general invadió toda la sala, incluso rió el de la cara magullada, pese a la sangre y a los mocos.
—Pregúnteles si beben.
—Por supuesto —se oyó una voz, y al mismo tiempo bufidos y risas.
En esta sala había cuatro enfermos. A la pregunta del inglés de por qué no reunían a todos los enfermos en una sala, contestó el director que ellos mismos no lo deseaban. Estos enfermos no eran contagiosos, el practicante los vigilaba y atendía.
—Hace dos semanas que no le hemos visto el pelo —dijo una voz.
El director no contestó, y los llevó a la sala siguiente. De nuevo abrieron las puertas y todos se levantaron y guardaron silencio, y de nuevo el inglés distribuyó Evangelios. Lo mismo sucedió en la sala quinta, en la sexta, a la derecha, a la izquierda y en ambos lados.