Resurrección
Resurrección De los condenados a trabajos forzados pasaron a la sala de los deportados, luego a la de los presos comunes y de aquí a la ocupada por los que seguían voluntariamente a sus familiares. En todas partes era igual: los mismos hombres transidos de frío, hambrientos, ociosos, contagiosos de enfermedades, sucios, encerrados y mostrándose como fieras salvajes.
El inglés, que había repartido el número previsto de Evangelios, ya no repartía más, y ni siquiera dirigía la palabra a los presos. El lamentable espectáculo y, sobre todo, el aire asfixiante, habían aplastado su energía. Cruzaba por las salas limitándose a decir all right[114] a las explicaciones del director acerca de los presos de cada sala. Nejliúdov caminaba como en sueños, sin tener fuerzas para negarse a hacerlo y marcharse, padeciendo un gran cansancio y descorazonamiento.