Resurrección
Resurrección —Katerina Máslova —empezó el presidente dirigiéndose a la tercera acusada—, se le acusa de haber ido de una casa pública a la habitación del hotel «Mauritania», con la llave de la maleta del comerciante Smelkov, haber robado dinero y un anillo —continuó el presidente como si se tratara de una lección aprendida de memoria, mientras inclinaba el oÃdo hacia el juez de la izquierda, quien le hacÃa saber que faltaba una de las piezas de convicción: el frasquito— y haberse repartido lo robado. Más tarde, haber vuelto con el comerciante Smelkov al hotel «Mauritania» y haberle dado a beber coñac con veneno, lo cual le ocasionó la muerte. ¿Se reconoce usted culpable?
—No soy culpable de nada —habló rápidamente Máslova—, lo que dije al principio lo digo ahora: no he robado, no he robado y no he robado. En cuanto al anillo, me lo regaló.
—¿No se reconoce usted culpable de haber robado dos mil quinientos rublos? —interrogó el presidente.
—Le digo que no he cogido nada, excepto los cuarenta rublos.
—Pero ¿se reconoce culpable de haber dado al comerciante Smelkov polvos en el coñac?
—Eso lo reconozco. Sólo que yo creÃ, como me dijeron, que era para dormir y que no le pasarÃa nada. No pensaba hacerle ningún mal. Lo juro ante Dios, no querÃa —dijo.