Resurrección
Resurrección —De modo que no se reconoce usted culpable de haber robado el dinero y el anillo del comerciante Smelkov —dijo el presidente—. ¿Pero reconoce que le dio los polvos?
—SÃ, lo reconozco, pero creÃa que eran unos polvos para dormir. Se los di para que durmiera, no deseaba…
—Muy bien —dijo el presidente, aparentemente satisfecho de los resultados conseguidos—, cuéntenos entonces cómo sucedieron los hechos —continuó mientras se recostaba en el respaldo y ponÃa ambas manos sobre la mesa—. Cuéntenos todo, tal como sucedió. Con una confesión sincera, puede atenuar su culpabilidad.
Máslova, mirando fijamente al presidente, guardaba silencio.
—DÃganos cómo sucedieron los hechos.
—¿Cómo pasó todo? —empezó Máslova con rapidez—. Llegué al hotel y me acompañaron a la habitación donde estaba él, que ya se encontraba muy borracho —pronunció la palabra él con una expresión particular de horror, y abriendo mucho los ojos.
De pronto, guardó silencio como si hubiera perdido el hilo de la conversación o hubiera recordado otra cosa.
—Bueno, ¿y después?
—¿Después? Estuve allà un rato, y me marché a casa.