Resurrección
Resurrección En este punto, el sustituto del fiscal se incorporó a medias, apoyándose en un codo con ademán afectado.
—¿Desea formular alguna pregunta? —preguntó el presidente, y al contestarle afirmativamente, con un gesto indicó al sustituto del procurador que le cedía el derecho a interrogar.
—Desearía formular una pregunta: ¿La acusada conocía a Simón Kartinkin con anterioridad? —dijo el sustituto del fiscal, sin mirar a Máslova.
El presidente repitió la pregunta. Máslova, asustada, miraba al fiscal.
—¿A Simón? Sí, le conocía —respondió.
—Ahora quisiera saber cuáles eran las relaciones entre la acusada y Simón Kartinkin. ¿Se veían a menudo?
—¿Qué relaciones? Me llamaba para los clientes, no teníamos amistad —contestaba Máslova, pasando su mirada inquieta del presidente al sustituto del fiscal y de nuevo al presidente.
—Desearía saber por qué Kartinkin llamaba precisamente a la acusada y no a otras muchachas —dijo el sustituto del fiscal ceñudo, pero con una sonrisa ligera, astuta y mefistofélica.
—No lo sé. ¡Qué sé yo! —contestaba Máslova, mirando asustada en torno suyo, y por un segundo detuvo su mirada en Nejliúdov—. Llamaba a quien quería llamar.