Resurrección
Resurrección —Regresé a casa —prosiguió Máslova, mirando ya con valor únicamente al presidente—, le entregué el dinero a la dueña y me fui a dormir. Apenas empecé a dormirme, cuando me despertó nuestra criada, Berta. «Levántate, ha venido otra vez tu comerciante.» Yo no querÃa salir, pero madame me lo ordenó. Entonces él —volvió a pronunciar con visible terror la palabra él— hizo beber a todas las muchachas y ordenó que trajeran más vino, pero se habÃa gastado todo el dinero. La patrona no quiso fiarle. Entonces, me mandó a su habitación. Y me dijo de dónde tenÃa que coger el dinero. Y yo fui.
—Fue usted, y ¿qué pasó? —preguntó.
—Al llegar, hice todo como me lo habÃa mandado: entré en la habitación. Pero no entré sola, llamé a Simón Kartinkin y a ésta —dijo, señalando a Bochkova.
—Miente, yo no he entrado… —empezó a protestar Bochkova, pero la hicieron callar.
—Delante de ellos cogà cuatro billetes de diez rublos —siguió Máslova frunciendo el ceño, sin mirar a Bochkova.
—Está bien. Al coger la acusada los cuarenta rublos, ¿cuánto dinero habÃa? —preguntó de nuevo el sustituto del fiscal.
—No lo conté: vi que habÃa muchos billetes de cien rublos.