Stalin
Stalin José Djugashvili fue miembro de esa Orden, y compartió parte de sus atributos; muchos, pero no todos. Vio la finalidad de su vida en derribar los poderes existentes. El odio a ellos era en su espíritu infinitamente más activo que el amor a los oprimidos. La prisión, el destierro, los sacrificios, las privaciones no le asustaban. Sabía mirar al peligro cara a cara. Al mismo tiempo, se daba cuenta muy bien de ciertos defectos suyos, como son su torpeza, su falta de talento, la general mediocridad de su continente físico y moral. Su arrogante ambición estaba impregnada de envidia y malevolencia. Su impertinencia corría parejas con su espíritu vengativo. El destello ictérico de su mirada inducía a las personas sensibles a la cautela. Ya en sus días de colegio se hizo notar por su maña en advertir las flaquezas de los demás y por insistir sobre ellas despiadadamente. El ambiente del Cáucaso resultó sumamente favorable para fomentar estos atributos básicos de su carácter. Sin perder pie en medio de sus entusiastas, sin enardecerse entre quienes se inflamaban fácilmente y con igual facilidad se enfriaban, aprendió pronto en la vida a apreciar las ventajas de la entereza fría, de la circunspección y, especialmente, de la astucia, que, en su caso, se transformó sutilmente en marrullería. Especiales circunstancias históricas habrían de investir de primera importancia estos atributos esencialmente secundarios.