Stalin
Stalin El año 1905 tuvo sellados sus labios. El país que había estado callado durante mil años comenzó a hacerse oír por primera vez. Todo aquel que era capaz de expresar su aborrecimiento contra la burocracia y el zar encontraba oyentes infatigables y agradecidos. No cabe duda de que Koba también ensayaría; pero la comparación con otros oradores extemporáneos resultó adversa para él. No podía soportar aquello. Aunque insensible a los sentimientos ajenos, Koba es en extremo susceptible, muy delicado en sus propios afectos y, por muy extraño que parezca, caprichoso hasta la extravagancia. Sus reacciones son primitivas. Como se figure olvidado o descuidado por alguien, se siente propenso a volver la espalda a los hechos y a las personas, acurrucarse en un rincón, fumarse malhumorado una pipa y soñar en la venganza. Por eso, en 1905 se retiró a la sombra con secreto resentimiento y se convirtió en una especie de redactor. Pero Koba estaba lejos de ser periodista. Discurre despacio, sus juicios son extremadamente simplistas y su estilo demasiado laborioso e infecundo. Cuando desea producir un efecto contundente, recurre a expresiones soeces. Ninguno de los artículos que escribió entonces hubiera sido aceptado por un Consejo de redacción algo escrupuloso o exigente. Verdad es que las publicaciones clandestinas no solían ser notables por sus excelencias literarias, pues en su mayor parte estaban escritas por gentes que recurrían a la pluma por necesidad y no por ser aquélla su profesión. De todos modos, Koba no se destacó. Su estilo revelaba un esfuerzo por lograr una sistemática exposición del tema; pero aquel esfuerzo se manifestaba generalmente por una disposición esquemática de material, la enumeración de argumentos, preguntas retóricas artificiales y pesadas repeticiones recargando el aspecto didáctico. La ausencia de ideas propias, de forma original, de vívida imaginación, marca una por una sus líneas con el sello de lo trivial. Aquí tenemos a un autor que nunca expresa libremente sus propios pensamientos, sino que tímidamente hace uso de los ajenos. La palabra «tímidamente» puede parecer extraña aplicada a Stalin: y, no obstante, le caracteriza en su titubeante estilo de escritor con suma precisión, desde sus tiempos del Cáucaso hasta los actuales.