Stalin
Stalin Lenin luchaba por la incautación de las tierras de los hacendados por Comités de campesinos revolucionarios y por sancionar tal incautación desde la Asamblea constitucional por medio de una ley sobre nacionalización. «Mi programa agrario —escribió y decía— es enteramente un programa de insurrección campesina y la realización completa de la revolución democrática burguesa.» Sobre el punto básico seguía de acuerdo con Plejanov: la Revolución no sólo comenzaría, sino que culminaría también como revolución burguesa. El líder del bolchevismo no sólo consideraba a Rusia incapaz de establecer el socialismo independientemente (nadie hubiera sido capaz de plantear tal cuestión antes de 1924), sino que creía imposible retener siquiera las futuras conquistas democráticas en Rusia sin una revolución socialista en Occidente. Precisamente en aquel Congreso de Estocolmo fue donde expresó este criterio con más claridad. «La Revolución (democrática burguesa) rusa puede vencer con sus propias fuerzas —dijo—, pero de ningún modo podrá retener y reforzar sus conquistas con su propia mano. No puede lograrlo, a menos que se produzca un levantamiento socialista en Occidente.» Sería equivocado pensar que, en concordancia con la reciente interpretación de Stalin, Lenin pensaba en el peligro de la intervención militar desde el exterior. No, él hablaba de la inevitabilidad de una restauración desde dentro, a consecuencia de que el campesino, convertido en propietario, se volviera contra la revolución después del levantamiento agrario. La restauración es igualmente ineludible en el caso de municipalizar, nacionalizar o dividir la tierra, pues el pequeño propietario rural, en cualquiera y en todas las formas de posesión y propiedad sigue siendo el sostén principal de la restauración. «Después de la victoria completa de la revolución democrática —insistía Lenin—, el pequeño propietario se volverá inevitablemente contra el proletario, y cuanto antes se derroque al enemigo común del proletariado y del pequeño propietario, tanto más pronto volverá... Nuestra revolución democrática no tiene otra fuerza de reserva que el proletariado socialista de Occidente.»