Stalin
Stalin En la primera votación, Lenin se unió a los partidarios del reparto, según él mismo explicó, «a fin de no disgregar votos contra la municipalización». Consideraba el programa de división como mal menor, agregando, sin embargo, que si bien el reparto ofrecía cierta defensa contra la restauración de los hacendados ricos y el zar, por desgracia, podría crear también la base de una dictadura bonapartista. Acusó a los partidarios del reparto de ser «parciales al juzgar el movimiento campesino sólo desde el punto de vista del pasado y del presente, sin tener en cuenta el futuro» del socialismo. Había mucha confusión y no poco individualismo disfrazado de misticismo en el modo de apreciar los campesinos la tierra como «de Dios» o «de nadie»; pero inherente a tal apreciación había una tendencia progresiva y era por eso necesario descubrir cómo apoderarse de ella y aprovecharla contra el orden social burgués. Los partidarios de la división no sabían cómo hacerlo. «Los prácticos... vulgarizarán este programa..., harán de un error pequeño otro mayor... Gritarán a la multitud campesina que la tierra es de nadie, de Dios, del Gobierno, encomiarán las ventajas del reparto, y así difamarán y vulgarizarán el marxismo.» En labios de Lenin, la palabra «prácticos» significa, en este caso, revolucionarios de estrechas miras, propagandistas de lindas formulitas. Aquel golpe da tanto más en el clavo si consideramos que en el curso del siguiente cuarto de siglo Stalin había de calificarse orgullosamente a sí mismo de «práctico», a diferencia de los «literarios» y de los «emigrados». Llegaría a proclamarse teórico sólo después de que la máquina política asegurara su victoria práctica y le pusiera a cubierto de toda crítica.