Stalin
Stalin Plejanov tenía razón, naturalmente, cuando situaba el problema agrario en directa e inseparable relación con la cuestión del Poder. Pero también Lenin comprendía la naturaleza de aquella conexión, y bastante más a fondo que Plejanov. Según él lo expresaba, para hacer posible la nacionalización, la revolución tenía forzosamente que establecer la «dictadura democrática del proletariado y de los campesinos», que distinguía estrictamente de la dictadura socialista del proletario. A diferencia de Plejanov, Lenin creía que la revolución agraria sería consumada, no por manos liberales, sino por manos plebeyas, o no se consumaría en absoluto. Sin embargo, la índole de la «dictadura democrática» que él predicaba quedaba algo confusa y paradójica. Según Lenin, si los representantes de los pequeños propietarios llegaran a obtener una posición dominante en un Gobierno revolucionario (eventualidad improbable de una revolución burguesa del siglo XX), ese mismo Gobierno amenazaría convertirse en instrumento de fuerzas reaccionarias. Pero aceptar la proposición de que el proletariado estaba obligado a tomar posesión del Gobierno a la zaga de la revolución agraria, derriba las barreras entre la revolución democrática y la revolución socialista, pues la una se encajaría naturalmente en la otra haciéndose así la revolución «permanente». Lenin no disponía de respuesta a punto frente a este argumento. Pero no hace falta decir que Koba, el «práctico» y el «divisionista», mostraba un olímpico desdén por la perspectiva de la revolución permanente.