Stalin
Stalin La desintegración evidente de la revolución trajo consigo varias crisis en el Partido y en el mismo bando bolchevique, decidido por gran mayoría en favor de la posición boicotista. Esto era casi una reacción instintiva contra la violencia gubernamental, pero, al mismo tiempo, era un intento de disimular su propia impotencia con un gesto radical. Mientras reposaba después del Congreso de Finlandia, Lenin reflexionó sobre el asunto en todos sus aspectos, y se decidió resueltamente en contra del boicot. Su situación dentro de su propio bando llegó a ser bastante difícil. No era cosa fácil pasar de los días de apogeo revolucionario a los tediosos de dificultades y obstáculos. «Con excepción de Lenin y Rozhkov —escribía Martov—, todos los representantes de talla de la facción bolchevique (Bogdanov, Kamenev, Lunacharsky, Volsky y otros) estaban por el boicot.» La cita es, en cierto modo, interesante, pues incluye entre los representantes de talla no sólo a Lunacharsky, sino incluso al olvidado Volsky, pero se olvida de Stalin. En 1924, cuando el periódico histórico oficial de Moscú reprodujo el testimonio de Martov, no se le ocurrió al Consejo de redacción mostrar interés por el parecer de Stalin en aquella ocasión.