Stalin

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Las cuestiones de boicotismo y de actividades guerrilleras estaban íntimamente relacionadas. Es permisible boicotear las asambleas representativas sólo en el caso de que el movimiento de masas sea suficientemente fuerte para derrumbarlas o para pasarlas por alto. Pero cuando las masas están en plena retirada, la táctica del boicot pierde su sentido revolucionario. Lenin comprendió esto y lo explicó mejor que otros. Ya en 1906 repudiaba el boicot de la Duma. Después del golpe del 3 de junio de 1907, entabló una lucha decidida contra los boicotistas precisamente porqué a la pleamar había sucedido la bajamar. Era incuestionable que las actividades guerrilleras se habían convertido en puro anarquismo, cuando hacía falta utilizar hasta el palenque del «parlamentarismo» zarista para preparar el terreno a la movilización de las masas. En el apogeo de la guerra civil, las actividades de las guerrillas aumentaron y estimulaban así el movimiento de masas; en el período de reacción intentaron remplazarlo, pero, de hecho, lo que hicieron fue desconcertar al Partido y acelerar su disgregación. Olminsky, uno de los más relevantes compañeros de armas de Lenin, arroja luz crítica sobre aquel período desde la perspectiva de los tiempos del Soviet. «No pocos de los mejores jóvenes —escribía— perecieron en el cadalso; otros degeneraron, y otros perdieron su fe en la revolución. Al mismo tiempo, la gente en general comenzó a confundir a los revolucionarios con bandidos vulgares. Más tarde, cuando comenzó a reanimarse el movimiento obrero revolucionario, este resurgir fue más lento en las ciudades donde las “exse” (expropiaciones) habían sido más numerosas. (Como ejemplo puedo citar Bakú y Saratov.)» Tengamos presente esta referencia a Bakú.


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