Stalin

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Después del auge de la estrella política de Stalin, Vereshchak hizo un relato detallado de su vida conjunta en prisiones, que se publicó en la Prensa de los emigrados. Acaso no todo es fidedigno en su narración, ni convincentes todos sus juicios. Así, Vereshak asegura, sin duda por referencias, que el mismo Koba había reconocido que «por móviles revolucionarios» había traicionado a varios de sus compañeros seminaristas; ya se ha apuntado la inverosimilitud de tal aserto. Lo que el autor populista discurre acerca del marxismo de Koba es sumamente ingenuo. Pero Vereshchak tuvo la inapreciable ventaja de observar a Koba en un ambiente en que, se quiera o no, llegan a atrofiarse las costumbres y condiciones de la coexistencia culta. Destinada para albergar cuatrocientos presos, la cárcel de Bakú alojaba por entonces más de mil quinientos. Los reclusos dormían en las celdas atestadas, en los corredores, en los rellanos y los peldaños de las escaleras. No podía haber aislamiento de ninguna clase en tales condiciones de aglomeración. Todas las puertas, salvo las de las celdas de castigo, estaban abiertas de par en par. Los presos comunes y los políticos iban y venían libremente de una celda a otra, de pabellón a pabellón, o paseaban por el patio. «Era imposible sentarse o echarse sin pisar a alguien.» En tales circunstancias, se veían unos a otros, y algunos a sí mismos, bajo aspectos completamente inesperados. Aun personas frías y retraídas, descubrían rasgos de carácter que en la vida ordinaria solían mantener ocultos.


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