Stalin

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Aquel juego era inocente comparado con el que corría de cuenta de las autoridades. Entre los presos había personas condenadas a muerte más o menos recientemente, y que aguardaban de un momento a otro la culminación de su destino. Los condenados comían y dormían con los demás. A la vista de todos se llevaban por la noche y los colgaban en el patio de la prisión, de modo que desde las celdas «se oían los gritos y gemidos de los ahorcados». Todos los presos padecían por efecto de la tensión nerviosa. «Koba dormía profundamente —dice Vereshchak—, o estudiaba tan tranquilo esperanto (estaba convencido de que el esperanto era el idioma del porvenir).» Sería necio creer que Koba era indiferente, a las ejecuciones; pero tenía nervios resistentes. No sentía por los demás como por él mismo. Nervios como los suyos eran de por sí una buena cualidad.









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