Stalin
Stalin Koba no era el iniciador de protestas o manifestaciones carcelarias, pero siempre apoyaba a los iniciadores. «Esto le convertía en un excelente camarada a los ojos de los encerrados.» También es pertinente esta observación. Koba nunca fue un iniciador de nada ni en parte alguna. Pero era muy capaz de utilizar la iniciativa de otro, empujar a los iniciadores, reservándose la libertad de decisión. Esto no quiere decir que le faltase valor; simplemente, es que prefería no malgastarlo. El régimen carcelario era una mezcla de laxitud y crueldad. Los reclusos gozaban de considerable libertad dentro de los muros de la prisión. Pero cuando se trasponía cierta ilusoria barrera, la administración recurría a la fuerza militar. Vereshchak nos refiere que en 1909 (sin duda quiere decir 1908), el primer día de Resurrección, una compañía del Regimiento de Salyan maltrató a todos los presos políticos, sometiéndolos a una carrera de baquetas. «Koba marchaba sin bajar la cabeza aguantando los culatazos, con un libro en las manos. Y cuando se dio la voz de escapar, Koba forzó las puertas de su celda con el cubo del agua sucia, despreciando la amenaza de las bayonetas.» Aquel hombre reservado (aunque en raras ocasiones), era capaz de un cierto furor.