Stalin
Stalin El «historiador» moscovita Yaroslavsky plagiaba a Vereshchak como sigue: «Stalin pasó las baquetas entre los soldados leyendo a Marx...» El nombre de Marx se introduce aquí por igual razón que se pone una rosa en las manos de la Virgen María. Toda la historiografía del Soviet está hecha con rosas de éstas. Koba, con un libro de Marx aguantando culatazos, se ha convertido en tema de enseñanza soviética, en prosa y en verso. Pero tal conducta no era en modo alguno excepcional. Las palizas carcelarias, como el heroísmo del cautiverio, estaban en el orden del día. Pyatnitsky refiere que después de detenerle en Wilno, en 1902, siendo aún muchacho, la policía propuso enviarle al funcionario de policía del distrito, famoso por sus vapuleos, a fin de arrancarle una declaración. Pero el agente más veterano replicó: «Nada dirá allí tampoco. Es de la Iskra.» Ya en aquellos lejanos días, los revolucionarios de la escuela de Lenin tenían fama de ser firmes. Para asegurarse de que Kamo había perdido realmente la sensibilidad, como se alegaba, los médicos le clavaban alfileres bajo las uñas, y sólo después de resistir como duro diariamente tales pruebas durante años enteros, le declararon, al fin, loco incurable. ¿Qué valor tienen unos cuantos culatazos, en comparación con esto? No hay por qué menospreciar el valor de Koba, pero debe confinarse dentro de los límites de su tiempo y lugar.