Stalin

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Por las condiciones del encierro, Vereshchak no tuvo dificultad en advertir cierta particularidad de Stalin que le permitió seguir ignorando durante tan largo tiempo. «Ésta era su habilidad para iniciar sigilosamente a otros, mientras él permanecía al margen.» Luego siguen dos ejemplos. En una ocasión estaban golpeando a un joven georgiano en un pasillo del pabellón de «políticos». La injuriosa palabra «provocador» resonaba por todo el edificio. Únicamente los soldados de la guardia consiguieron poner fin al escarmiento; el cuerpo ensangrentado fue conducido en una camilla al hospital. ¿Era un provocador, en efecto? Y si lo era, ¿por qué no lo mataron? «En la cárcel de Bailov, los provocadores, como se probase que lo eran, no solían escapar con vida —advierte Vereshchak, de pasada—. Nadie sabía nada ni acertaba a explicarse aquello, y sólo mucho después nos enceramos de que el rumor había partido de Koba.» Nunca se supo si el golpeado era realmente un provocador. ¿No pudo haber sido sencillamente uno de los trabajadores que se oponían a las expropiaciones, o el que acusó a Koba de haber denunciado a Sha'umyan?






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