Stalin
Stalin Desde el punto de vista de la circunspección elemental, esta parte de la carta parece asombrosa. Un desterrado, cuyas cartas corren siempre peligro de caer en manos de la policía, sin razón alguna aparente envía por correo, a miembros del Partido con quienes apenas tiene confianza, información acerca de su correspondencia conspiratoria con Lenin, relativa al hecho de que urge escapar del destierro, y que, en caso de necesidad, «recurriría, naturalmente, a la fuga». Como veremos luego, la carta cayó efectivamente en manos de los gendarmes, quienes sin gran trabajo identificaron al remitente y a todas las personas a quienes mencionaba. No puede menos de ocurrirse una explicación de tal imprudencia: el afán de alardear. «Soso el caucásico», que acaso no hubiera sido bastante advertido en 1904; no puede resistir la tentación de informar a los bolcheviques de Moscú que Lenin mismo le ha incluido entre los activistas centrales del Partido. Sin embargo, el motivo de la jactancia es sólo secundario. La clave de esta misteriosa carta está en su final: