Stalin
Stalin Glurdzhidze, otro condiscípulo suyo del Seminario, nada en absoluto dice del padre cuando escribe que la madre de José «se ganaba la vida cortando, cosiendo o lavando ropa interior». Estas reticencias, que no son casuales, merecen tanta más atención cuanto que las costumbres populares no atribuían la misión directora de la familia a la mujer. Por el contrario, de acuerdo con las viejas tradiciones georgianas, persistentes en grado superlativo entre los montañeses conservadores, la mujer estaba relegada a la condición de esclavitud doméstica, y apenas era admitida a la augusta presencia de su señor y dueño, no tenía voz en asuntos de la familia y ni siquiera se atrevía a castigar a su propio hijo. Aun en la iglesia, madres, mujeres y hermanas tenían que colocarse detrás de los padres, maridos y hermanos. El hecho de que los autores de las memorias coloquen a la madre en el lugar que normalmente correspondía al padre, no puede interpretarse más que como deseo de evitar toda descripción de Vissarion Djugashvili. La enciclopedia rusa más antigua, comentando la extrema sobriedad de los georgianos en materia de alimento, dice a título complementario: «Apenas hay otro pueblo en el mundo que beba tanto vino como los georgianos.» Verdad es que, después de trasladarse a Gori, difícilmente habría podido Vissarion conservar su propia viña. Pero, en compensación, la ciudad tenía dujans en todos los rincones, y en ellos el vodka competía con el vino y aun le llevaba ventaja.